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¿Por Qué No Guardamos Todas las Leyes de Levítico?

Apr 3, 2016   //   by Lloyd   //   Blog, Discipulado  //  No Comments

Introducción

Muchos empezaron a leer la Biblia con nosotros al principio del año.  Les gustó las historias de Génesis y Éxodo, pero sospecho que cuando llegaron a Levítico, por allí del 1 de marzo, dieron un frenazo de emergencia . . . o simplemente perdieron interés . . . porque pensaron “y d’ay ¿qué es esto?

Levítico nos parece un libro MUY raro.  Primero, su nombre parece como un pantalón de mezquilla.

Segundo, está lleno de reglas en cuanto a la dieta, el vestido y ritos religiosos raros . . . algunas MUY extrañas:

  • Está bien comer saltamontes, pero es pecado comer camarón (Lev. 11:10-22)
  • A Dios le encanta que el hombre tenga patillas, porque es un pecado cortárselas
  • No se permiten tatuajes (19:28)
  • Si respondes mal a tus padres, te deben apedrear (20:9)
  • Absolutamente prohibidos usar ropa con dos clases de hilo (19:19).  Así que si llevas un pantalón de polyester hoy, no sólo estás fuera de moda, sino que estarías en pecado si vivieras en esos días.
  • Una de las leyes dice que si dos hombres están peleando y uno agarra al otro en las partes privadas, se le tiene que cortar la mano. (Deuteronomio. 25:11)
    • Y piensas “De todas las reglas que Dios sentía la necesidad de aclarar, ¿por qué esa?  ¿Era un problema común en esos días?  Aquí en Summit tenemos un Manual que todos los empleados de la iglesia tienen que seguir, pero ¡NUNCA han sentido la necesidad de mencionar esto!

Con esto, mi propósito no es menospreciar a la ley, que toda la Biblia nos dice que es perfecta.  Es simplemente decir que a muchas personas todo esto les parece MUY raro.

Muchas personas se preguntan “Por qué ustedes los evangélicos siguen algunas de las leyes de Levítico, pero otras, no?  Cuando Levítico habla de pecados sexuales ¿por qué nosotros afirmamos esas leyes?  Pero cuando dice que no se debe comer mariscos o ponerle queso a nuestra hamburguesa[1], ¿por qué decimos “eso no se aplica hoy”?

Permítanme dar una respuesta a preguntas como ésas.  Hay 3 tipos de leyes en Levítico:

  • Leyes civiles, que son leyes que gobiernan a la nación:  los comportamientos aceptables y otros que son castigados. Son leyes que tienen que ver con cómo funciona la vida civil o política de una nación.  Entendemos ese tipo de leyes porque tenemos el mismo tipo de leyes hoy en día – por ejemplo: el nuevo orden en North Carolina es que sobrepasar el límite de velocidad tan siquiera por 5 millas te va a acarrear una multa.
  • Leyes ceremoniales: Estas leyes tienen que ver con asuntos del culto religioso y el sistema de sacrificios.  Dan instrucciones sobre cómo mantenerse limpio ante Dios y lo que contamina a las cosas y al ser humano.  Hay que recordar que en el mundo antiguo la forma principal en todas las culturas de conseguir el favor de los dioses era por medio de sacrificios.  Pero no era posible predecir cómo los dioses paganos actuarían.  Uno nunca sabía si esos dioses iban a escucharlo, ignorarlo, darle lo que pedía o destruirlo.  El Dios de Israel codificó Su relación con los israelitas para que tuvieran seguridad de cómo Él actuaría con ellos en cualquier circunstancia.  Estar en la presencia del Dios Puro era peligroso si uno no era puro (y nadie lo era).  Dios nombró a sacerdotes para ser intermediarios entre Él y el pueblo.  Ellos primero tenían que purificarse y ofrecer sacrificios por sus propios pecados, y luego mediar ante Dios a favor del pueblo de Israel.  Ser impuro no era un pecado.  Eso se remediaba con dejar pasar un tiempo, bañarse, ofrecer un sacrificio, y luego uno era puro otra vez.  Lo que sí era un pecado era entrar en la presencia de Dios, estando en un estado de impureza.
  • Leyes morales: Esas leyes que nos dicen lo que Dios ve como inmoral.  Van desde el asesinato hasta el robo y la sexualidad.  Obedecer esas leyes hacía que Israel fuera un pueblo moralmente puro.  Dios quería tener un pueblo totalmente diferente a los otros pueblos del mundo, un pueblo santo, un pueblo que lo aceptaba a Él como su Rey y reflejara el carácter de Dios.  Dios es el mismo ayer, hoy, y para siempre . . . nunca cambia.  Así que, lo que lo agradaba en el Antiguo Testamento es lo mismo que lo agrada hoy.  Él no cambia, así que sus leyes morales no cambian porque esas leyes reflejan quién es Dios.  Es por eso que decimos que las leyes sobre el sexo en Levítico todavía son vigentes para nosotros.

Cuando Jesús vino, dijo dos cosas acerca de la ley que parecen ser, a primera vista, contradictorias:

  • Dijo que la ley era perfecta Mateo 5:18: “hasta que desaparezcan el cielo y la tierra, no desaparecerá ni el más mínimo detalle de la ley de Dios hasta que su propósito se cumpla.”
  • Dijo que los que nacieran de nuevo en Él serían liberados de la ley porque Él la había cumplido totalmente.[2]

¿Qué Significa que Jesús cumplió la ley? Significa que toda las leyes apuntaban hacia Jesús. Él cumplió o completó todo lo que ellas estaban tratando de lograr.

  • Las leyes civiles establecieron a la nación de Israel, de la cual surgió o nació Jesús.
    • Cuando Jesús vino, empezó un nuevo Israel, un Israel espiritual, así que no estamos obligados a cumplir el código civil de Levítico porque Dios ya no tiene un estado nacional en la tierra.
    • Las Leyes ceremoniales nos ilustran la santidad de Dios, nuestra falta completa de santidad, y lo que Dios iba a hacer para resolver ese problema.  Dios moraba con los israelitas en el Tabernáculo.  Eso era muy bueno, pero también muy peligroso.  La presencia de Dios es como el sol: poder puro y pureza pura.  La palabra santa, o santidad o pureza se usa más de 80 veces en el libro.  La palabra santidad en Levítico se usa para describir la pureza y poder de la presencia de Dios.
    • Cuando algo mortal y corrupto se acerca a algo con tanta poder y pureza, se destruye, como una hoja de papel que se acerca demasiado al sol.  Las leyes ceremoniales se dieron para mostrar cómo personas corruptas podrían vivir cerca de un Dios puro, sin ser destruidas.
      • Todas estas leyes y sacrificios se cumplieron en la vida y muerte de Jesús.  El libro Hebreos dice claramente que si nos hemos entregado a Cristo, el sacrificio por excelencia, ya no necesitamos más esos sacrificios de animales porque el sacrificio perfecto y final fue presentado a favor de nosotros cuando Jesucristo murió en la cruz.
      • Las leyes morales, sin embargo, reflejan lo que Dios dice que es bueno y lo que declara ofensivo para Él, así que esas leyes todavía se aplican, puesto que Dios nunca cambia.
        • Jesús afirmó las leyes morales, y nos dijo que debemos ser como Él es y amar lo que Él amaba.

Así que afirmar que le ética sexual de Levítico todavía es relevante, pero no las prohibiciones de comer mariscos y vestirnos en poliéster no son relevantes, no es una distinción arbitraria. Es cómo el Nuevo Testamento nos enseña a interpretar el libro de Levítico.

 


[1] (Éxodo 34:26 la restricción de no combinar carne y productos lácteos en la misma comida)

[2] Mateo 5:17; Romanos 6:14, 7:1-6; Gálatas 3:25.

Árboles de Navidad

Dec 8, 2015   //   by Lloyd   //   Blog  //  No Comments

¿Qué decimos de la Navidad y de las decoraciones de Navidad?  Para saber más sobre este tema estamos colocando aquí un enlace a un documento en formato PDF, titulado El Debate Sobre Navidad.  Y además vea los siguientes enlaces también.  Esperamos que les sea de ayuda.

Aquí está el enlace al documento en formato PDF titulado El Debate Sobre Navidad.

Otros Artículos

Queremos, también proveerles enlaces a otros dos artículos que les pueden interesar:

 

1) http://www.gracia.org/recursos.aspx?p=a&article=378

 

2) http://www.gracia.org/recursos.aspx?p=a&article=377

Atentamente,

Raudel Hernández

 

De Tú a Tú con Dios: Valentía en la Oración

Oct 10, 2015   //   by Lloyd   //   Blog, Discipulado, Oración  //  No Comments

Recientemente nuestro pastor predicó un sermón buenísimo, usando como base los capítulos 32 al 34 de Éxodo.  Al estar revisando el pasaje después, en casa, me acordé de una verdad que se encuentra en los capítulos 32 y 33.  Allí se relata uno de los encuentros más sorprendentes, y diría yo más atrevidos, entre un hombre y Dios.  El pastor no habló directamente de ese intercambio, pero yo sí quiero examinarlo con más cuidado.

 

El contexto de este pasaje es el tiempo en que Moisés subió al Monte Sinaí para estar en la presencia de Dios durante 40 días y 40 noches y allí recibir los Diez Mandamientos.  El pueblo de Israel, viendo la ausencia prolongada de Moisés, empezó a pensar que había desaparecido o muerto.  Al principio del capítulo 32 se relata el episodio muy oscuro en la vida del pueblo de Dios en que el pueblo demandó que Aarón les fabricara dioses que los guiaran.  Aarón hizo dos becerros de oro y les dijo, “estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto.” (32:4b)  ¿Qué?  ¿Cómo fue eso?

 

Dios acababa de darle a Moisés las dos tablas de la Ley (31:18) cuando Aarón dijo eso.  En ese momento ocurre la conversación en que Moisés se pone “de tú a tú” con Jehová Dios, Creador del universo y Gran Libertador de Israel.

 

7 Entonces el Señor le dijo a Moisés:  —Baja, porque ya se ha corrompido el pueblo que (tú) sacaste de Egipto.

 

(Nota que Dios dijo “tú (Moisés) sacaste al pueblo de Egipto”.)

 

9 »Ya me he dado cuenta de que éste es un pueblo terco —añadió el Señor, dirigiéndose a Moisés—. 10 Tú no te metas. Yo voy a descargar mi ira sobre ellos, y los voy a destruir. Pero de ti haré una gran nación.

 

¡Espérate un momento!  ¿Quién había sacado al pueblo de Egipto?  ¡Fue Dios, no Moisés!  Así que en ese momento increíble de “tú a tú” con Dios, Moisés empieza una discusión con Dios sobre quién sacó el pueblo y sobre de quién era pueblo.  Esta conversación es una de los oraciones de intercesión más atrevidas y bellas que encontramos en la Biblia.

 

11 Moisés intentó apaciguar al Señor su Dios, y le suplicó:

— Señor, ¿por qué ha de encenderse tu ira contra este pueblo tuyo, que (tú) sacaste de Egipto con gran poder y con mano poderosa?

¡Calma ya tu enojo! ¡Aplácate y no traigas sobre tu pueblo esa desgracia! 13 Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac e Israel. Tú mismo les juraste que harías a sus descendientes tan numerosos como las estrellas del cielo; ¡tú les prometiste que a sus descendientes les darías toda esta tierra como su herencia eterna!

14 Entonces el Señor se calmó y desistió de hacerle a su pueblo el daño que le había sentenciado.

 

En ese momento Dios empieza a ceder un poco, pero no del todo.

 

31 Volvió entonces Moisés para hablar con el Señor, y le dijo:

—¡Qué pecado tan grande ha cometido este pueblo al hacerse dioses de oro! 32 Sin embargo, yo te ruego que les perdones su pecado. Pero si no vas a perdonarlos, ¡bórrame del libro que has escrito!

¿Qué tipo de persona estaría dispuesta a arriesgar su propia salvación con tal de que pudiera lograr salvar a una nación entera?  Pero quizá más audaz sería la pregunta, ¿qué tipo de persona pensaría que su propio valor delante Dios tendría tanto peso que para evitar perder a esa persona Dios estaría dispuesto a perdonar a toda una nación?  La respuesta a esta última pregunta se encuentra en el capítulo 33:11, al final de toda esta conversación: “Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero.”  Tan íntima era la relación que Moisés tenía con Dios que sin titubear se atrevió a “negociar” con Dios de esa forma.  De ninguna otra persona en la Biblia se habla así . . . sólo de Moisés.

 

Sin embargo, el Señor todavía estaba enojado y todavía no estaba dispuesto a restablecer con ellos esa relación especial de Pacto.  Dios todavía no estaba dispuesto a cumplir Su promesa de habitar en medio del pueblo.  Nota lo que Dios dijo en el capítulo 32, v. 33:

 

33 El Señor le respondió a Moisés: —Sólo borraré de mi libro a quien haya pecado contra mí. 34ve y lleva al pueblo al lugar del que te hablé. Delante de ti irá mi ángel.

33:1El Señor le dijo a Moisés: «Anda, vete de este lugar, junto con el pueblo que (tú) sacaste de Egipto, y dirígete a la tierra que bajo juramento prometí a Abraham, Isaac y Jacob que les daría a sus descendientes. 2 Enviaré un ángel delante de ti, . . .Yo no los acompañaré, porque ustedes son un pueblo terco, y podría yo destruirlos en el camino.»

Moisés siguió luchando en oración por el pueblo porque sabía muy bien que lo que distinguía al pueblo de Israel de todos los demás pueblos del mundo era la presencia de Jehová en medio de ellos:

 

12 Moisés le dijo al Señor: —Tú insistes en que yo debo guiar a este pueblo, pero no me has dicho a quién enviarás conmigo. También me has dicho que soy tu amigo y que cuento con tu favor. 13 Pues si realmente es así, dime qué quieres que haga. Así sabré que en verdad cuento con tu favor. Ten presente que los israelitas son tu pueblo.

¡Qué atrevimiento, qué valor, qué pasión!  Moisés continuó su intercesión y no aligeraba la presión que estaba poniendo sobre Dios para que Dios admitiera que Israel era Su pueblo, y que sólo Su presencia en medio de ellos era lo que les hace diferentes a todos los demás pueblos en el mundo.  Por fin Dios dijo:

 

14 Yo mismo iré contigo y te daré descanso —respondió el Señor.

15 —O vas con todos nosotros —replicó Moisés—, o mejor no nos hagas salir de aquí. 16 Si no vienes con nosotros, ¿cómo vamos a saber, tu pueblo y yo, que contamos con tu favor? ¿En qué seríamos diferentes de los demás pueblos de la tierra?

Fue en este contexto que Moisés pidió lo máximo que un hombre puede pedir: “muéstrame tu gloria”.  Dios aceptó permitir que Moisés viera Su espalda y le declaró Su Nombre.  Puesto que el nombre de Dios revela quién es, ese nombre “Yo Soy” (Jehová) vino acompañado de una revelación del carácter mismo de Dios:

 

6 Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡¡Jehová!!  ¡¡Jehová!! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad;

7 que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado;

La revelación del carácter de Dios que Moisés logró obtener por medio de esta oración intercesora forma la base teológica de nuestro conocimiento de Dios, y se cita en diferentes partes de la Biblia.

 

Habiendo logrado lo que apasionadamente buscaba, Moisés termina su intercesión con estas palabras:

 

8 En seguida Moisés se inclinó hasta el suelo, y oró al Señor 9 de la siguiente manera:

—Señor, si realmente cuento con tu favor, ven y quédate entre nosotros. Reconozco que éste es un pueblo terco, pero perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado, y adóptanos como tu herencia.


La Base de Toda Intercesión

 

Moisés andaba tan cerca de Dios, lo conocía tan bien, que por instinto puso en práctica uno de los principios más importantes de la oración.  Ese principio no ha cambiado en todos los siglos que han pasado desde esa lucha en Éxodo 32-34.  El Apóstol Juan lo enunció claramente para los seguidores de Jesús cuando dijo en 1 Juan 5:14-15.

 

14 Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye.  15Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.

 

Todo el argumento de Moisés durante toda esta conversación con Dios se basaba sobre la voluntad revelada de Dios, sobre Sus promesas:

 

13 Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac e Israel. Tú mismo les juraste que harías a sus descendientes tan numerosos como las estrellas del cielo; ¡tú les prometiste que a sus descendientes les darías toda esta tierra como su herencia eterna!

 

Varios cientos de años habían pasado desde que Dios les dio esas promesas, y se las había repetido vez tras vez a sus descendientes.  Así que Moisés sabía cuál era la voluntad de Dios, y basó todo su argumento con Dios sobre lo que sabía de Su voluntad: sobre Sus promesas.

 

Yo, en lo personal, pensaría dos o tres . . . o cientos de veces . . . antes de ponerme “de tú a tú” con Dios, porque pocas personas han tenido la relación que Moisés tuvo con Dios.  Pero sé que mi relación con Dios no depende de mi santidad, sino de la santidad del Hijo de Dios crucificado por mí en la cruz y resucitado para estar a la mano derecha de Dios para interceder a mi favor.  Cuando sé que algo es la voluntad de Dios, revelada en las Escrituras, no titubeo en interceder con Dios por lo que Él nos ha prometido.

 

Sé, por ejemplo, que es la voluntad de Dios que Sus hijos anden en santidad delante de Él, y no me da temor “molestarlo” (como lo hacía la viuda insistente en la parábola de Jesús) día tras día intercediendo por algún hermano que está luchando con el pecado.  Sé que Dios quiere que los matrimonios de Sus hijos aprendan a vivir en amor, sin pleitos, sin celos, sin infidelidad.  No me da temor guerrear en oración por ellos día tras día, semana tras semana, hasta que Dios transforme sus corazones.

 

Como iglesia, debemos aprender a guerrear unos por otros, en una lucha espiritual feroz, hasta ver que nuestros hermanos estén experimentando lo que Dios les ha prometido en las Escrituras . . . porque ésta es la voluntad de Dios, y sabiendo que es así, tenemos el derecho . . . el deber . . . de levantar tenazmente delante de Él este tipo de peticiones.

 

Cómo Saber la Voluntad de Dios

Feb 19, 2015   //   by Lloyd   //   Blog, Discipulado  //  No Comments

Esta semana el sermón en Summit en Español trató el relato de Gedeón que se encuentra en el libro de Jueces, capítulos 6 al 8.  Una de las preguntas que surgen al leer esa historia  tiene que ver con el campo de ¿cómo podemos saber la voluntad de Dios?

Es importante dejar bien claro el hecho de que ¡no debemos tomar el caso de Gedeón como modelo de cómo saber la voluntad de Dios!

Existen por lo menos tres razones por las cuales no debemos mirar a Gedeón como un buen modelo para encontrar la voluntad de Dios.

  • En primer lugar, los problemas de fe en la vida de Gedeón lo llevaron a pecar al dudar de Dios y al fabricar un ídolo (el efod) porque quería una manera fácil de saber la voluntad de Dios (por medio del urim y tumim).
  • En segundo lugar, Gedeón vivió relativamente temprano en la historia bíblica y no tenía acceso a toda la revelación bíblica que nosotros tenemos hoy.  Por eso no entendió todo lo que entendemos hoy sobre ese tema.
  • En tercer lugar, bajo el Antiguo Pacto, Dios moraba en el Tabernáculo (y más adelante en el Templo), no en cada creyente.  El Espíritu de Dios venía sobre algunos líderes, sobre los profetas y a veces sobre los reyes, pero Su presencia no era permanente en ninguno de ellos.  Gedeón tuvo el Espíritu durante un tiempo, pero no durante toda su vida.  Bajo el Nuevo Pacto de Jesucristo, el Espíritu mora siempre en cada creyente y camina a su lado para ayudarlo a entender lo que Dios quiere de él(ella).

Algunos cristianos hoy en día toman el relato de Gedeón para justificar el uso de algo como el vellón de Gedeón – pedirle de Dios alguna señal milagrosa – para averiguar Su voluntad.  Al hacer eso están cayendo en el mismo pecado de falta de fe en que cayó Gedeón.

El tema de cómo descubrir la voluntad de Dios es un tema de mucho interés hoy en día dentro del pueblo de Dios, pero desafortunadamente un tema que muchas veces se trata desde una perspectiva equivocada.

Primero que todo, debemos aclarar que el 95% de la voluntad de Dios se ya está revelada en la Biblia, y ésa es una gran ventaja que nosotros tenemos hoy en día que Gedeón no tuvo en su día.  En la gran mayoría de los casos no hace falta preguntarle a Dios “¿Cuál es Tu voluntad?” porque ya nos la ha dicho en la Biblia.  Allí es uno de los primeros lugares donde Gedeón falló.  Dios ya les había dicho al pueblo de Israel (por medio del profeta) cuál era la razón por su sufrimiento bajo los Madianitas.  Pero Gedeón insistió en preguntárselo otra vez.

Para despejar el ambiente, necesitamos entender que comúnmente se manejan tres diferentes conceptos de la “Voluntad de Dios”:  La Voluntad Soberana de Dios, la Voluntad Moral de Dios, y la Voluntad Individual de Dios.

La Voluntad Soberana de Dios

Sabemos de muchos pasajes en la Biblia que Dios es Soberano sobre todo, y el hombre no puede frustrar ni impedir que se logre la voluntad soberana de Dios.  Dios tiene un gran plan global, y todos nosotros vivimos en medio de ese gran plan.  Es cierto que ese plan tiene sus aspectos generales, pero también tiene implicaciones específicas en la historia y hasta en nuestras vidas personales.

La Voluntad Moral de Dios

Dios ha revelado en Su Palabra lo que Él quiere para el hombre.  Esos son los mandamientos y las enseñanzas que encontramos en la Biblia en cuanto a cómo la vida se vive mejor . . . y qué sucede cuando uno viola esos principios.  La voluntad soberana de Dios es cómo son (o serán) las cosas.  La voluntad moral de Dios es cómo deben ser las cosas.  La humanidad constantemente está violando la voluntad moral de Dios . . . y sufre las consecuencias.

La Voluntad Individual de Dios

Cuando la mayoría de nosotros pensamos en “la voluntad de Dios” estamos pensando en esta voluntad de Dios:  ¿Qué debo estudiar?  ¿Con quién debo casarme?  ¿Dónde debo vivir y trabajar?, etc.  Nosotros queremos saber las respuestas a estas preguntas.  Pero Dios no tiene ese enfoque.  ¿Tiene Dios una voluntad para ti en esos campos?  ¡Claro que sí!

Pero Dios se interesa más en que lleguemos a ser personas a quienes Él puede guiar, no tanto en que sepamos los pasos para averiguar asuntos del futuro.   Valdría la pena que leas de nuevo Mateo 6, porque allí Jesús dijo que uno de los problemas básicos del hombre es la preocupación en cuanto al futuro, el deseo de saber las respuestas a todas esas preguntas. Y nos dio el enfoque que debemos tener: “33 Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.”  El enfoque de Dios es que lleguemos a ser personas comprometidas con lo que Dios está haciendo y va a hacer en el mundo, y una vez que seamos ese tipo de persona, Él nos podrá guiar en los caminos que Él tiene pensado para nosotros.

La Idolatría del Futuro

Tim Keller lo dice de esta forma:  “Obsesionarse sobre el futuro no es cómo Dios quiere que vivamos.  Mostrarnos el futuro no es lo que Dios hace.  Su manera es hablarnos por medio de la Biblia y transformarnos desde adentro hacia fuera por medio de Su Palabra y el Espíritu Santo.  Debido a nuestra confianza en la Voluntad Soberna de Dios, podemos comprometernos radicalmente con Su Voluntad Moral, sin preocuparnos por una Voluntad Individual.”

Este enfoque sobre llegar a ser una persona a quien Dios puede guiar (en vez de obsesionarse sobre los detalles del futuro) no significa que Dios no te va a ayudar a tomar decisiones.  Dios te dará sabiduría para tomar esas decisiones.  Tampoco significa que a Dios no le interesa tu futuro, o que no esté en control de tu futuro.  Tampoco significa que no debes hablar con Dios en oración sobre tu futuro.  Tampoco significa que Dios es un Dios distante (que fue parte del problema de Gedeón) o que no tiene interés en los detalles de tu vida.

Cómo Llegar a Ser una Persona a Quien Dios Puede Guiar

Es posible que lo que voy a decir no sea lo que quería escuchar.  Posiblemente estabas buscando un plan detallado para contestar estas preguntas sobre el futuro, con cada paso enumerado.  Pero en la Biblia encontramos que la forma en que Dios generalmente nos prepara para recibir Su dirección es:

  • Comprométete radicalmente con Dios
  • Busca consejo de otras personas cristianas maduras
  • Toma la decisión en fe:  ¡actúa!

1. Comprométete radicalmente con Dios

a) Lee y medita en la Biblia consistentemente

  • Hacerlo te dará paulatinamente la sabiduría de Dios que te convierte en una persona a quien Dios puede guiar.
  • La Biblia no puede ser luz a tu camino si no la conoces y no la estás aplicando diariamente a tu vida.

b) Conversa con Dios en oración consistentemente

  • Pídele a Dios que abra tu mente para que puedas entender y aplicar la Biblia a tu vida.
  • Pídele a Dios que te dé sabiduría.  “No tienen porque no piden.” (Santiago 4:2)
  • Pídele a Dios que te transforme para que tus motivos sean puros al tomar decisiones.
  • Pídele a Dios que te dé una actitud de fe y de obediencia.
  • Pídele a Dios que te haga ser abierto(a) a la enseñanza y a la corrección.
  • Pídele a Dios que te use para extender el conocimiento del evangelio.

Si haces estas dos cosas consistentemente, llegarás a ser una persona humilde, abierta a la enseñanza, dispuesta a ser guiada.

2. Busca consejo sabio

  • Por ser una persona humilde, podrás escuchar lo que otros te digan.
  • Haz un estudio en Proverbios sobre lo que dice acerca de buscar consejo de otros.  Proverbios 12:15 y 19:20 son sólo una probadita de la mucha enseñanza sobre esto en Proverbios.
  • Asegúrate de que las personas a quienes les pides consejo sean personas maduras, no sólo compañeros(as) tuyas, que mayormente sean creyentes que caminen de cerca con Dios y que te conozcan bien y entiendan tu situación.
  • Personas de quienes debes buscar consejo son: tus padres (sean o no creyentes), tus líderes espirituales, expertos o personas con experiencia en el campo bajo consideración.

3. Toma la decisión en fe

  • Usa la mente sana que Dios te dio – es cierto que eres un(a) pecador(a) y esto puede afectar tu capacidad de razonar correctamente, pero normalmente si estás caminando en obediencia a Dios, buscando Su sabiduría y escuchando consejo, alguna de las opciones te será más lógica.  Sin embargo, tu razón nunca te debe llevar a hacer algo en contra de lo que la Biblia dice.
  • Evalúa tus puntos fuertes y débiles.
  • Evalúa los “pros” y las “contras” en cuanto a cualquier decisión.
  • Después de mucha oración, toma la dirección que te parezca mejor.  Es interesante ver esto en la vida de los Apóstoles:
    • 1 Tesalonicenses 3:1-2 “Por tanto, cuando ya no pudimos soportarlo más, pensamos que era mejor quedarnos solos en Atenas.”
    • Filipenses 2:25  “Ahora bien, creo que es necesario enviarles de vuelta a Epafrodito.”
    • 1 Corintios 16:4  “Si conviene que yo también vaya, iremos juntos.”
    • Hechos 6:2  “«No está bien que nosotros los apóstoles descuidemos el ministerio de la palabra de Dios para servir las mesas.”
    • Hechos 15:28-29  “Nos pareció bien al Espíritu Santo y a nosotros no imponerles a ustedes ninguna carga aparte de los siguientes requisitos:”

Estudia las Escrituras, ora continuamente, escucha a otros, y toma una decisión.  Éste es el mejor curso de acción, no solamente en momentos de crisis, sino como una forma de vida.

Habiendo dicho todo esto, y explicado que ésta es la forma normal en que Dios nos va llevando hasta ser personas a quienes Él puede dirigir en las decisiones de la vida, todavía es necesario mencionar que Dios, muy de vez en cuando, puede escoger en Su soberanía darnos dirección específica por medio de clavar un mensaje de la Biblia en nuestro corazón o en medio de una conversación (oración) muy específica de Dios con alguno de Sus hijos.  Tales direcciones NUNCA irán en contra de la instrucción y verdad de las Escrituras y normalmente recibirán la confirmación de consejeros espirituales y de la Iglesia.

Ejemplos bíblicos de este tipo de dirección:

  • Cuando Dios dirigió a Felipe a hablar con el eunuco etíope – Hechos 8:26
  • Cuando Dios le indicó a Pedro que debería compartir el evangelio con los gentiles – Hechos 10:9-23
  • Cuando Dios dirigió a Pablo a predicar en Macedonio – Hechos 16:6-8

Cada uno de estos ejemplos les ocurrieron a personas que estaban abiertas a ser dirigidas por Dios y que estaban cumpliendo con el primer punto anotado anteriormente: estar diariamente en la Palabra y en oración.

En nuestro propio ministerio hemos vivido experiencias semejantes cuando Dios nos habló de un pasaje bíblico diciéndonos muy específicamente cuál debía ser nuestro ministerio, cuando Dios nos dio un llamado a llevar a cabo ese ministerio en un país específico, cuando Dios confirmó a nosotros, por medio de un pasaje bíblico, un cuidado específico que le habíamos estado pidiendo, y cuando Dios nos dirigió a un ministerio diferente, pero directamente relacionado con el ministerio específico que nos había dado hacía 19 años.

En resumen, Dios normalmente dirige a Su pueblo por medio de los tres pasos enumerados en la sección “Cómo Llegar a Ser Una Persona a Quien Dios Puede Guiar”. Pero también, en ocasiones lo hará por un pasaje bíblico, por medio de otra persona, o por medio de la respuesta a una oración.

(Algunas de las ideas para esta bitácora fueron adoptadas, con su permiso, de una conferencia de Timothy Keller.)

Lucha Interna

Oct 28, 2013   //   by Lloyd   //   Blog, Consejería, Discipulado  //  No Comments

Ayer, una persona, se me acercó después del mensaje, y me dio permiso para compartir nuestra conversación sin revelar su identidad. Creo que el diálogo entre nosotros es algo que todos necesitamos oír, ya que revela nuestras propias luchas internas con el evangelio. Por favor lea este correo en su totalidad.

 

Esta persona se me acercó y me dijo:

“Me es difícil creer que el amor de Dios por mi NO tiene nada que ver con mi desempeño. Yo me siento culpable todas las semanas de no buscar a Dios como debería. Sé que Dios me mira, sé que sabe lo que hago y lo que no hago, es por eso que no puedo creer que él me ame tanto como tu dices, ¿cómo me puede amar si no le busco?”

 

Esta persona tiene una lucha interna al igual que todos nosotros. Está luchando con la gracia y con la obras. No es menos cierto que “la fe sin obra es muerta,” pero cuando se trata de nuestra salvación, NO hay una onza de obra que nosotros traigamos a la mesa excepto nuestro pecado, lo que nos hace necesitados de gracia en primer lugar.

 

La fe sin obra es muerta porque cuando Dios te regala fe enÉl, esa fe NO viene sola, o sea, cuando Dios abre tus ojos a quien Él es, quien tú eres, y lo que Él hizo por ti aun conociéndote, eso te enamora de él, y naturalmente de ese amor destilan buenas obras de ti. Pero no nos podemos dar mérito alguno ni aun por esas buenas obras, ya que es el amor y la gracia de Dios quien las causa, y las determina (Ef. 2:10). Además, el hecho de que tienes fe en Dios, fue un regalo de Dios también. No hay absolutamente nada de lo que podamos presumir.

 

Es precisamente esta una de las razones por la cual el evangelio nos parece tan ofensivo, porque nos gusta presumir, queremos gloria propia, queremos tener que ver con todo lo bueno para hincharnos de orgullo, creemos que nuestra gloria es exquisita, sin embargo somos mortales, como dice Apocalipsis 3, “no sabes que eres desventurado, miserable, pobre, ciego y estás desnudo,” estamos tan equivocados, y precisamente por esto Jesús vino, porque estábamos perdidos y engañados en nuestras propias conclusiones, y aun estando equivocados, tenemos la audacia desafiante de cuestionar el evangelio. ¡Que tonto somos! “Acaso le podrá decir la vasija al alfarero ¿qué haces?”

 

Cuando pienso en nuestra rebeldía, pienso, “No sé porque Cristo vino por nosotros,” pero decir esto me prueba que Él ama como nadie. Si yo fuera Dios, yo no hubiera tenido misericordia de Raudel, ni por el resto de una humanidad arrogante. (que bueno que no soy Dios) :)  NO estamos aquí para cuestionar el amor de Dios, Él es Dios y Él hace lo queÉl desea, y Él deseó amarnos incondicionalmente. No estamos supuestos a cuestionar Su amor, sino mas bien a quedar perplejos por ese amor.

 

Sin más demora aquí el diálogo entre esa persona que se me acercó ayer después del mensaje. Su primera declaración fue esta:

“Me es difícil creer que el amor de Dios por mi NO tiene nada que ver con mi desempeño. Yo me siento culpable todas las semanas de no buscar a Dios como debería. Sé que Dios me mira, sé que sabe lo que hago y lo que no hago, es por eso que no puede creer que el me ame tanto como tu dices, ¿cómo me puede amar si no le busco?”

Después de escuchar detalladamente, yo le pregunté a esta persona, “dime sinceramente, cuando oras y lees la Biblia regularmente esa semana, ¿te sientes amada(o) por Dios? ¿te sientes como validada(o) esas semanas que has podido buscar a Dios?” La persona me respondió – “Si, esas semanas me siento bien, validada(o), amada(o)”.

Yo respondí – ¿Has notado que entonces hay un parámetro donde sólo te sientes amada(o) por Dios cuando tu tienes un “buen” desempeño?

 

Esta persona se quedó sin palabras al analizar la verdad detrás de esa pregunta. Que su obediencia se trataba de el/ella, que el/ella solo se podía sentir amado(a) cuando “cumplía”, o sea, que el o ellla tenia que ser parte de la razón del porque Dios lo(a) amaba. En otras palabras, el centro de su vida es el/ella, es difícil para el o ella creer que Dios le amó simplemente porque Dios quiso amarlo(a) y NOpor nada que el/ella pudiera haber hecho. Es difícil para esta persona creer esto porque esta es una verdad a la cual nos humillamos, y humillarnos es lo menos que deseamos, porque como dije en el mensaje, naturalmente somos rebeldes. Pero esto no es un problema de el/ella, es uno que tenemos TODOS nosotros.

 

Al esta persona escudriñar su mente y corazón a la luz de las verdades del evangelio, se quedó pensativa(o), y después me expresó su segunda declaración:

“El evangelio suena demasiado bueno como para ser cierto”.

 

A lo cual yo respondí, (con otra pregunta :) , le pregunté, “¿Qué revela esa declaración? ¿Qué te dice esa declaración de tu lucha interna frente a la verdad del evangelio?”

Esta persona respondió - “Que mi problema es que NO quiero creerlo.”

A lo cual yo añadí - Exactamente. El problema NO es el evangelio, ni el amor de Dios. Dios SI te ama así de grande. Y sabes que (le dije), precisamente el miedo que te impulsa a buscar a Dios, el cual obviamente NO es un buen motivador porque admites que no lo buscas, Dios quita ese miedo con Su amor. Y por primera vez en tu vida encuentras descanso y la motivación correcta para amar y buscar a Dios.

Pero NO olvides que el amor de Dios por nosotros NO tuvo nada que ver con nuestro amor por Él. Él nos amó porque quiso, increíble pero cierto. “Aun siendo nosotros pecadores, Cristo murió por nosotros.” “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados.” (1 Juan 4:10)

 

Iglesia, como decía en el mensaje, estamos muertos, y no podemos hacer nada por nosotros mismos. Pero Dios, que es rico en misericordia, hizo por nosotros en Cristo lo que nosotros nunca podremos hacer por nosotros mismos. No seas más el héroe de tu vida, somos pésimos héroes, hay un héroe mejor, Cristo Jesús. Y vivir para Su gloria satisface mucho más que vivir para la nuestra. Si creyéramos en el amor de Dios por nosotros, nos enamoraríamos de El, al punto que le entregáramos toda nuestra vida y quedarías libres de tus temores y arrogancia.

 

Y cuando se trata de “hacer más por Dios,” imposible hacerlo desinteresadamente y para la gloria de Dios sin primero vivir capturados por lo que Él hizo por nosotros.  Mire a los discípulos en Hechos, dieron sus vidas por Jesús, cautivados por el evangelio de nuestro Señor Jesucristo.

 

Espero esto le haya servido de ayuda, o por lo menos, que te ayude a seguir luchando con las verdades del evangelio.

Que tengan una linda semana, nos vemos el domingo a las 11AM.

 

La Ingeniería de Dios

Jan 26, 2013   //   by Lloyd   //   Blog, Evangelismo  //  No Comments

Desde el principio del tiempo, dándose cuenta de una distancia enorme que existe, la gente ha estado obsesionada con el deseo de superar el abismo que los separa de Dios.  Pero ¿cómo? se preguntan.

 

Saben que Dios en esencia es totalmente otro, totalmente diferente.  Por eso tienden a pensar en Dios en términos altos y remotos: Perfecto, Santo. Imponente.  En su mente el hecho de que Él es SANTO impone una gran distancia entre Creador y creación.  Las implicaciones de esta realidad eran importantes:  si no estaban ni siquiera cumpliendo con sus propias reglas morales, y Dios es tan santo, entonces pensaban que las reglas de Dios debían ser imposibles de cumplir.  Pensaban, “¡Esto requeriría un esfuerzo sobrenatural si vamos a tener éxito en llegar a Dios!”

 

A través de los siglos, aparecieron religiones que trataban de contestar la pregunta que estaba en la mente de todos: ¿Cómo podemos llegar a un Dios Santo? Solución tras solución surgió, esperando colocar un puente sobre ese abismo que existía, pero todas tenían algo en común: el esfuerzo para lograr cruzar ese abismo siempre empezaba del lado humano.

 

Todo el mundo parecía estar de acuerdo de lo que la gente tenía que hacer para llegar a Dios era volar más recto, orar más fuerte, vivir más noblemente, ser más religioso y dedicarse a obras caritativas.   La idea era que la cantidad de esfuerzos morales masivos, durante toda una vida, de alguna forma les daría el derecho de estar cerca de Dios.  Pensaban que “Dios mediante”, al final de nuestros días, habríamos hecho bastante bien como para llegar al otro lado y disfrutar de una relación viva y vibrante, con Dios por toda la eternidad.

Haz un estudio tú mismo(a) de las religiones.  A ver si no estás de acuerdo no sólo en que cada religión mundial importante sugiere que trates de construir un puente sobre ese abismo por medio de tus propios esfuerzos, y que tampoco te ofrecen ninguna evidencia o seguridad de que en realidad lo podrás lograr antes de morir.

 

Digo, cada religión excepto una: el cristianismo bíblico.

 

La Biblia dice algo sorprendente sobre cómo lograr cruzar el abismo entre Dios y el hombre.  Dice que Dios también vio ese abismo que separaba al hombre y a la mujer inmoral – como tú y yo – de Él.  Él vio la distancia infinita por lo que es – más enorme de lo que ningún humano jamás podrá superar.  Dios sabía que ningún esfuerzo humano – ningún intento humano de llegar al otro lado del abismo – jamás sería suficiente como para cruzar ese abismo.  Así que, motivado por amor, Dios se dio a la tarea Él mismo de proveer un camino sobre ese abismo.  Él puso el fundamento.  Él construyó un puente que cruzó la distancia enorme, para llegar al hombre pecador.  Envió a su Hijo, Jesucristo, para morir en una cruz por nosotros – esa cruz serviría como el puente por excelencia.

 

Fue necesario mucho trabajo para construir ese puente único, pero el deseo de Dios de superar ese abismo para tener una relación con nosotros fue así de grande.  Después de horas de labor agotadora que demandó la sangre física de Jesús, Su sudor y  Sus lágrimas, Dios declaró que su puente ya estaba abierto al público, listo para que cualquier persona dispuesta a caminar sobre Él pudiera cruzar y tener vida nueva en Él.

 

Adaptado de “Las Buenas Nuevas de Dios” por Bill Hybels, en su libro Just Walk Across the Room

El Voluntariado

Jul 21, 2012   //   by Lloyd   //   Blog, Discipulado, Grupos Pequeños  //  No Comments

Hay partes de cualquier cultura que son loables . . . y hay carencias en cualquier cultura que se reflejan en el carácter de la mayoría de las personas de esas culturas.

Una de las carencias que se nota en muchas culturas latinoamericanas es la ausencia de un espíritu de voluntariado. Sería interesante investigar por qué ese valor forma parte de la cultura estadounidense pero no tanto de las culturas latinoamericanas. Sean lo que sean las razones, una de las cosas que estamos tratando de cultivar en Summit en Español es ese espíritu de voluntariado. ¿Por qué? Bueno, porque el voluntariado fluye directamente de comprender el evangelio.

¿Cómo es eso? Bueno, el servirles a otros fluye directamente del hecho de que Jesucristo nos sirvió a nosotros. Jesús, en Mateo 20:28, dijo, “el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” Jesús no sólo les sirvió a muchos enfermos o hambrientos, o muertos, sino que su servicio por excelencia fue morir en la cruz, para dar su vida en rescate por nosotros.
Esta mañana estaba leyendo 2 Corintios 4 durante mi tiempo devocional, utilizando la Traducción en Lenguaje Actual, y parte del versículo 5 saltó de la página a mi corazón. Pablo dice, “nosotros somos servidores de ustedes porque somos seguidores de Jesucristo.” ¡Allí está! El servicio a otros fluye naturalmente de ser seguidores de Cristo . . . porque Él puso el ejemplo por excelencia.

La experiencia de muchos miembros de Summit en Español durante la semana de ServeRDU da testimonio de que poco a poco el valor del voluntariado está penetrando la cultura de Summit en Español. Largas y arduas horas de trabajo remodelando una casa en el sector de Eastwood en Durham son pruebas de que un grupo de latinoamericanos está dispuesto a servirles a personas desconocidas bajo condiciones difíciles. Meterse debajo de la casa para arrancar tubería vieja y destruir el interior de una casa que Habitat para la Humanidad está remodelando para alguna familia necesitada, es un acto de amor motivado por el Acto de Amor más grande: la muerte de Cristo en la cruz. Facilitarles un servicio dental a pacientes latinoamericanos de pocos recursos, y en el proceso limpiar pisos y baños, escuchar a personas cargadas de problemas, y producir un folleto en español que promueve el ministerio de la Clínica Dental Samaritana . . . todo esto hicimos “porque somos seguidores de Jesucristo” y eso es simplemente lo que hacemos.

Pero el voluntariado no se limita a una semana al año. Si Cristo vive en nosotros, el servirles a otros es algo que va a caracterizar nuestras vidas todo el año. Los grupos de Estudio Bíblico de Summit en Español (o usted como persona) tienen oportunidades todo el año de servirle a nuestra comunidad por medio de los socios en ministerio de nuestra iglesia. Para más información hable con Raudel o Lloyd.

¿Qué Significa “Creer en Dios”?

Jun 18, 2012   //   by Lloyd   //   Blog, Evangelismo  //  1 Comment

En Summit en Español hemos hablado mucho sobre la diferencia entre la religión y una relación personal con Dios. Se ha hablado mucho de “creer en Dios” como un paso básico para establecer una relación personal con Dios. Pero, ¿qué significa creer en Dios? ¿No es que todos nosotros hemos creído en Dios desde que éramos niños?

Hace unos años tuve un amigo que siempre cuando le hablaba de Jesús me aseguraba que era cristiano, pero por su forma de vivir era evidente que no era un seguidor verdadero de Jesucristo. Jesús dijo, “De modo que ustedes los reconocerán por lo que hacen. (Maleo 7:20) Sin embargo, cuando le preguntaba a mi amigo si creía en Jesucristo, afirmaba que sí, y era sobre esta afirmación que se basaba para llamarse cristiano.

Por mucho tiempo no encontraba la forma de hablar a fondo con él porque manejaba el vocabulario cristiano y sabía contestar bien las preguntas que yo le hacía. Pero se me hacía difícil creer que realmente fuera cristiano. Un día le pregunté si estaría dispuesto a permitir que Cristo controlara y dirigiera su vida. Me contestó enérgicamente: “¡Eso sí que no! ¡Nadie me dice lo que tengo que hacer! Yo soy dueño de mi vida y no permito que nadie se meta en ella sin mi consentimiento.”
Es evidente en la experiencia de mi amigo, y en la de muchas otras personas, que lo que hace falta es una comprensión real de lo que significa creer en Dios.

Una investigación aún superficial de la Biblia sobre el tema de cómo puede uno tener una buena relación con Dios revela que el tener fe o el creer en Jesucristo es fundamental para establecer y mantener este tipo de relación.
Jesús, hablando con un hombre muy religioso, le dijo, “ Pues Dios amó tanto al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. El que cree en el Hijo de Dios, no está condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado por no creer en el Hijo único de Dios.” (Juan 3:16-18)

Una encuesta de latinoamericanos demuestra que la gran mayoría de ellos creen en Dios. Quizá no practican muy activamente su religión, pero sí creen en Él.

Sin embargo, preguntamos, ¿será este “creer” popular equivalente al “creer” que menciona las Sagradas Escrituras? La mayoría de la gente tiene fe en Dios . . . esto nadie podría negarlo. Pero, ¿será esta “fe” suficiente para tener una relación correcta con Dios?

El Apóstol Santiago dice en su carta: “Tú crees que hay un solo Dios, y en esto haces bien; pero los demonios también lo creen, y tiemblan de miedo.” (Santiago 2:19) La Biblia misma dice que los demonios “creen” en Dios. Pero ¡no por esto podemos decir que ellos se van a salvar, o que tienen una buena relación con Dios!

¿Qué significa, entonces, según la Biblia, creer en Dios, o tener fe en Jesús? ¿Qué les hace falta a los demonios para estar bien con Dios, si “creen” en Él?

Cuando la Biblia nos habla de la necesidad de creer en Jesús para entablar una buena relación con Dios, apela a la totalidad de la personalidad humana. Así que para creer hay que involucrar el intelecto, las emociones y la voluntad. Y hasta que estas tres facetas de su personalidad se unifiquen en una decisión de entregar el control de su vida a Jesucristo en un acto de fe, no podremos decir que ha creído en Jesús.

A veces me gusta explicarlo de esta forma: Cuando conocí a la que ahora es mi esposa, muy pronto empecé a involucrarme emocionalmente con ella. Me empezó a gustar, y este gustar con el tiempo se tornó en amor. Con el paso del tiempo me dí cuenta que tenía las cualidades de una esposa ideal. Amigos mutuos me convencieron de que haríamos una buena pareja.

Pero cuando llegué al punto de decidir si quería casarme con ella, me detuve un buen rato. Pasé dos semanas horribles. No podía comer, no podía dormir, no podía estudiar. No podía hacer nada porque estaba en una tremenda lucha con mi voluntad. No estaba seguro de que quería comprometerme de por vida con esa persona. No estaba seguro de que estaba dispuesto a responsabilizarme por los niños que vendrían de tal unión. ¡No estaba seguro que quería compartir con esa señorita todo mi sueldo por el resto de mi vida! Emocionalmente me daba cuenta de que mi vida sin ella sería vacía. La quería mucho. Intelectualmente estaba convencido de que ella haría una buena esposa para mí. Pero el problema era con la voluntad. Ella no llegó a ser mi esposa hasta que resolví ese conflicto y tomé la decisión de pedirle su mano en matrimonio y me casé con ella.

Lo mismo pasa con nuestra relación con Dios. Intelectualmente estamos convencidos de que existe, de que Jesús de Nazaret vivió, murió y resucitó, de que es Dios. Emocionalmente tenemos momentos cuando sentimos la necesidad de Dios en nuestras vidas. Nos damos cuenta de que nuestra vida sin Él es vacía. En momentos de gran necesidad, en momentos de gran emoción, deseamos estar cerca de Dios. Pero cuando viene al asunto de comprometernos con Él, cuando nos damos cuenta de que lo que Dios demanda es que le obedezcamos, que le demos el derecho de gobernar en nuestras vidas, de cambiarnos, no estamos tan seguros de que estamos dispuestos a echarnos ese compromiso encima. Algo que nos detiene es la duda: ¿qué pasa si le entrego el control de mi vida y no me gusta el resultado?

En el momento de tomar esta decisión en fe, somos muy semejantes al hombre que observa a un trapecista cruzar varias veces una cuerda tendida entre dos edificios altos. Luego la cruza varias veces con una carretilla. Si se nos preguntara si creemos que lo puede hacer, probablemente afirmaríamos que sí. Lo hemos visto hacerlo varias veces. Pero si nos preguntara si estaríamos dispuestos a montarnos en la carretilla para que nos cruzara de un lado a otro, ¡allí sí que no nos moveríamos! porque estaría en juego nuestra vida.

Pero Dios pide este tipo de creer en Jesús al poner nuestra vida en sus manos para que Él nos pase de un lado a otro: para que crucemos por medio de Él ese abismo de pecado que nos separa de Dios. Tener esa seguridad de que Jesús no nos dejará caer ni que resbalaremos es tener fe en Él.

La persona que no duda de la existencia de Dios y que aún siente una necesidad de Dios de vez en cuando, pero que no está dispuesta a someter su voluntad a la de Dios no puede decir que “cree” o “tiene fe” en Dios, en el sentido bíblico de la palabra.

Jesús le dice, “Mira, yo estoy llamando a la puerta; si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos juntos.” (Apocalipsis 3:20) El abrir su vida a Jesús, es cierto, tiene que ver con creer que Él existe y tiene que ver con el deseo de tener a Dios consigo. Implica buscar de Él el perdón de sus pecados, por los errores que usted ha causado en su vida y en la de otras personas. Pero también implica estar dispuesto a que Dios lo cambie, de que lo dirija, de que sea no sólo el Salvador sino también el Señor de su vida. Y sin esto, no hay trato, no hay ese nuevo nacimiento que Jesús les promete a los que creen en Él. En la introducción a su biografía de Jesús, el Apóstol Juan dice, “Pero a quienes lo recibieron y creyeron en él, les concedió el privilegio de llegar a ser hijos de Dios.” (Juan 1:12)

¿No te gustaría experimentar este cambio, este nuevo nacimiento de que habla Jesús en el Evangelio de Juan, capítulo tres? El ser cristiano no es algo que heredamos de nuestros padres, o algo que nos da nuestra cultura. El llegar a ser un hijo de Dios, un cristiano, es un acto de la voluntad de una persona adulta (razonante). Tiene que haber un momento en su vida cuando decide por usted mismo que quiere entregar su vida a Jesús para que lo perdone, lo cambie, lo dirija y lo salve.

Tomando en cuenta la definición bíblica de creer en Jesús, de tener fe en Dios, ¿puede usted decir que ha tomado conscientemente esta decisión de depositar su vida en las manos de Dios en un acto de fe?

Si de alguna forma usted tiene interés genuino en conocer esta nueva vida en Jesús, nosotros en Summit en Español podemos ayudarlo(a) a evaluar su relación con Dios, y podemos ayudarlo a considerar las implicaciones para su vida de la persona de Jesús de Nazaret. Venga con nosotros y descubra lo que Dios quiere para usted. Con mucho gusto nos ponemos a su disposición.

Lloyd Mann

Panes y Peces

May 31, 2012   //   by Lloyd   //   Blog  //  No Comments

¿Por qué cree que Jesús les mandó a los discípulos a que ellos mismos alimentaran a los cinco mil hombres (más mujeres y niños) en Marcos 6:34-44? Cada vez que leo el relato del milagro de los panes y los peces, siempre me siento mal por los pobres discípulos porque ellos fracasaron en esa prueba. Siempre pienso que ellos no tuvieron suficiente fe como para multiplicar la comida y darles de comer a toda esa gente.

Pero poco a poco he empezado a entender ese evento desde otro punto de vista. Se me hace que el propósito de Jesús en ese evento fue darles un trabajo imposible de lograr para que ellos se dieran cuenta que ellos no podían . . . para que ellos voltearan sus rostros hacia Él admitiendo su debilidad pero declarando su fe en Su poder para resolver la necesidad del momento. Es semejante a la razón que el Apóstol Pablo dio por los Diez Mandamientos. ¿Por qué Dios nos va a dar los Diez Mandamientos, si Él ya sabía que no podríamos cumplirlos? Pablo dijo que la Ley tenía el propósito de frustrarnos (al darnos cuenta que no la podemos cumplir) y forzarnos a mirar en fe hacia Dios para que Él resuelva nuestro problema del pecado. (Gálatas 3:24)

Otro evento semejante se relata en Deuteronomio 1 donde Moisés envió a los 12 espías a reconocer la tierra que Dios les había prometido. Cuando dieron su informe al regresar de su gira, cargados de los productos abundantes de la Tierra Prometida, diez de ellos dieron un reporte muy negativo, no porque no era una tierra prolífera “que fluía con leche y miel”, sino porque había gigantes viviendo allí y las ciudades eran fuertemente fortificadas. Sólo dos de los 12 dijeron “Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos.” (Números 13:30)

Me pregunto cuál hubiera sido el impacto de ese informe minoritario si Caleb y Josué hubieran hablado más sobre lo que Dios podría hacer por ellos que sobre lo que ellos mismos podían hacer. Indudablemente Caleb y Josué tenían mucha más fe en Dios que los otros 10 espías. Pero no supieron expresar esa fe en una forma que animara al pueblo, de una forma que les hiciera recordar todo el poder de Dios que TODOS ellos había presenciado en los milagros en Egipto (milagros que dieron lugar al éxodo) y las grandes obras de Dios en el camino hacia la frontera con la Tierra Prometida.

Moisés trató de razonar con el pueblo, pero sin éxito. En Deuteronomio 1:29-33 Moisés relata lo que les había dicho hacía 40 años:

No se asusten ni les tengan miedo. El Señor su Dios marcha al frente y peleará por ustedes, como vieron que lo hizo en Egipto y en el desierto. Por todo el camino que han recorrido, hasta llegar a este lugar, ustedes han visto cómo el Señor su Dios los ha guiado, como lo hace un padre con su hijo. A pesar de eso, ninguno de ustedes confió en el Señor su Dios, que se adelantaba a ustedes para buscarles dónde acampar. De noche lo hacía con fuego, para que vieran el camino a seguir, y de día los acompañaba con una nube.

Pero el daño del informe negativo de los 10 espías y el informe minoritario débil ya los había desanimado.

Creo que muchas de las situaciones en que Dios nos pone tienen este mismo propósito: darnos la oportunidad de reconocer que nosotros no podemos, pero que ¡ÉL SÍ PUEDE!

El sermón de nuestro pastor, Raudel, el domingo 27 de mayo sobre aprender a descansar en Dios, me hizo recordar todo esto. Creo que muchos de nosotros todavía estamos muy lejos de descansar en Dios.

Durante muchos años de lucha contra la tentación en mi propia vida, mi tendencia fue tratar de resistir la tentación. Pero como mi enfoque estaba en resistir la tentación, casi siempre caía en ella . . . porque todo mi ser estaba enfocado en la TENTACIÓN. Me llevó años en descubrir la verdad de Santiago 4:7-8 “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros.” Primero viene someterse y acercarse a Dios . . . y cuando hacemos esto Él se encarga de la tentación y Satanás huye.

Alguien ha dicho “Cuando Satanás toca la puerta de tu corazón, no vayas tú a la puerta, porque eres capaz de decirle, ‘¡Pásale! ¡Pásale!’ Más bien manda a Cristo a la puerta porque Él ni siquiera abrirá la puerta.”

Creo que la mayoría de nuestras derrotas frente a problemas vienen porque tratamos de resolver nuestros problemas nosotros mismos, cuando el plan de Dios es que miremos a Él para resolverlos.  ¿Quiero entonces decir con esto que no debemos hacer nada?  No, pero tenemos que aprender a diferenciar entre dos cosas: descansar en Dios o trabajar como locos para resolver nuestros problemas.  Descansar en Dios implica mirar a Dios para la solución a nuestros problemas.  Trabajar como locos para resolverlos nosotros mismos es lo que normalmente hacemos; sólo cuando eso no funciona, miramos hacia Dios.  El que descansa en Dios casi siempre trabaja.  Si los hebreos en el desierto hubieran descansado en Dios, hubieran marchado de una vez para conquistar la Tierra Prometida (en vez de esperar 40 años).  Casi siempre hubieran peleado, pero hubiera sido porque se daban cuenta de que Dios estaba peleando por ellos . . . y a veces sin ellos.  A veces el descansar en Dios significa acción guiada por Dios, y a veces significa sentarse y ver la obra de Dios a nuestro favor.  La diferencia no tiene que ver con lo que hacemos (acción o pasividad), sino que con actitud (en quién dependemos para la victoria: en nuestras propias fuerzas o en Dios).

El 10%

May 21, 2012   //   by Lloyd   //   Blog, Discipulado  //  1 Comment

Por Lloyd Mann

Debe parecerles raro que una persona como yo hable en contra de algo como el diezmo.  Después de todo, durante 39 años recibimos nuestro sostenimiento económico mayormente de los diezmos de miembros de las iglesias bautistas.  Pero tengo que confesarles que creo que cuando la iglesia enseña que los cristianos deben darle un 10% de sus ingresos a la iglesia, se hace un daño incalculable.

Antes de prender las hogueras para quemar a este “hereje”, permítanme explicarme.  El daño incalculable es que (por lo menos inconscientemente) limita lo que el pueblo de Dios hace.  El efecto práctico de enseñar el diezmo es establecer una meta del 10% de los ingresos de los cristianos para su ofrendar, cuando Dios en el Nuevo Testamento pone el límite superior de nuestras ofrendas en un 100%.  (Eso lo explicaré más adelante.)  Está bien, lo voy a decir:  Creo que el Nuevo Testamento no enseña el diezmo.  Lo menciona en el contexto de la religión judía, pero no lo enseña.

Breve Resumen del Diezmo en el Antiguo Testamento
A mí siempre me ha parecido inconsistente que se enseñe la práctica del diezmo que encontramos en el Antiguo Testamento.  Aunque se menciona la práctica de dar un diezmo a ciertas personas o a Dios antes de las leyes de Moisés, la enseñanza del diezmo empieza en el libro de Levítico.  En realidad, el Antiguo Testamento impone como obligación sobre el pueblo de Dios tres diezmos:

  1. El diezmo para sostener al sistema sacerdotal de los levitas (que no recibieron un territorio propio).  Los levitas a su vez daban un diezmo de esos diezmos para sostener el culto en el tabernáculo y luego en el templo.  Es decir, 1% del diezmo de un judío llegaba al tabernáculo/templo para sostener esa institución. (Números 18:21-28).  Aunque Levítico 27:30 indica que el diezmo pertenece a Dios, su destino inmediato fue como herencia a los levitas.
  2. El diezmo de celebración.  Muchas personas no se han dado cuenta que Deuteronomio 12:17-18 ordena un segundo diezmo que el diezmador debe comer como una celebración ante Dios.  Preferiblemente esa celebración debe llevarse a cabo en el lugar del tabernáculo/templo, aunque en el 12:21 parece permitir que podían comer sus diezmos de celebración en su propio pueblo si el lugar del tabernáculo/templo les quedaba muy lejos.  Deuteronomio 14:22-27 da la opción de vender su diezmo, llevar el dinero al tabernáculo/templo y allí comprar lo que más le gustara para esa celebración: “Con ese dinero podrás comprar lo que prefieras o más te guste: ganado, ovejas, vino u otra bebida fermentada, y allí, en presencia del Señor tu Dios, tú y tu familia comerán y se regocijarán.”  Nunca he escuchado un sermón animando a que los cristianos den este tipo de diezmo.
  3. El diezmo para los pobres.  Inmediatamente después de establecer el diezmo de celebración, en Deuteronomio 14:28-29 Moisés establece un tercer diezmo que se recolectaba una vez cada tres años.  Ese diezmo se almacenaba en todas las ciudades para proveer por las necesidades de los pobres, los huérfanos, las viudas, los extranjeros (grupos minoritarios) y también para los levitas.

¿Cuál era el propósito del diezmo?  Es evidente que así como Dios no demandaba sacrificios de animales porque tenía hambre, tampoco Dios demandaba el diezmo porque necesitaba el dinero o el producto de sus campos.  En por lo menos un lugar Moisés explica la razón detrás del diezmo:  “Así aprenderás a temer siempre al Señor tu Dios.” (Deuteronomio 14:23b) (NOTA: la palabra “temer” en ese contexto significa “respetar, adorar, darle valor a”.)  La mayoría de los estudiosos agregarían otro propósito: el diezmo se pedía para ayudar al hombre a reconocer que Dios es proveedor y dueño de todo lo que tenemos y del producto de nuestro trabajo.  Dado su contenido social (proveer por los levitas y por los sectores más necesitados de la población) quizá podríamos agregar otro propósito: enseñarle al pueblo de Dios a tener misericordia de los menos privilegiados en su sociedad.

Pero si el diezmo del Antiguo Testamento es algo que el cristiano debe observar, entonces debemos empezar a insistir en que cada cristiano le dé el 23.3% de sus ingresos al Señor.  Hasta el momento no he escuchado a nadie proponer tal mínimo para los cristianos.

El Diezmo en el Nuevo Testamento
Quiero copiar una técnica que el pastor J.D. Greear ha usado para resaltar alguna verdad: a continuación viene una lista de todos los pasajes en el Nuevo Testamento que enseñan que el cristiano debe diezmar:

  1. __
  2. __
  3. __

Simplemente no hay tales pasajes.  El Nuevo Testamento, al describir situaciones en la vida de judíos que vivían bajo la Ley, menciona el diezmo porque era parte de la vida de un judío practicante.  Jesús en Mateo 23:23 les dice a los escribas y fariseos que deben haber diezmado sus condimentos sin haber descuidado los elementos más importantes de la ley (misericordia, fe, y amor a Dios).  Jesús en Lucas 18:12 relata la parábola del fariseo y el cobrador de impuestos.  En su oración el fariseo menciona que diezma.   Hebreos capítulo 7 tiene varias referencias al diezmo que Abraham le dio al Rey de Salem.  Pero no existe ningún pasaje que enseñe el diezmo de parte de los cristianos.

La Transición del Judaísmo al Cristianismo Gentil
En un principio los seguidores de Jesús no entendían que el “vino nuevo” de Jesús no iba a caber en odres viejos (el judaísmo); pues ellos pensaban que todos los seguidores de Jesús serían judíos.  Pero con el paso del tiempo poco a poco se iban dando cuenta que la visión de Jesús era llevar el evangelio hasta el último rincón de la tierra.  Cuando surgió la iglesia entre pueblos gentiles, era evidente que sería necesario hacer algunos cambios, porque no era necesario que los nuevos creyentes gentiles se sujetaran a la Ley de Moisés.

Este problema se trató en el capítulo 15 de Hechos.  Los líderes de la iglesia judía de Jerusalén y de la iglesia gentil de Antioquía se reunieron para luchar con los problemas que el evangelio entre gentiles le presentaba a un cristianismo hasta entonces totalmente judío.  El nuevo Apóstol Pablo predominó y la conclusión fue que no era necesario convertirse al judaísmo para ser seguidor de Cristo.  Se adoptó la herencia del judaísmo con sus Escrituras sin imponer la Ley de Moisés sobre la nueva iglesia.  A mí siempre me ha parecido interesante la carta que los líderes de la iglesia en Jerusalén escribieron a la nueva iglesia gentil.  Fue como si sintieran que era necesario decirles algo, que tuvieran que ponerles algo de restricciones, así que les escribieron:

“Nos pareció bien al Espíritu Santo y a nosotros no imponerles a ustedes ninguna carga aparte de los siguientes requisitos: abstenerse de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de la carne de animales estrangulados y de la inmoralidad sexual. Bien harán ustedes si evitan estas cosas.”  (Hechos 15:18-29)

El Apóstol Pablo más tarde modifica en parte la primera restricción, diciendo que si no sabían si la carne había sido ofrecida a ídolos, mejor no preguntar, a menos que alguien ofreciera esa información.  La prohibición contra comer sangre viene de la enseñanza bíblica de que la vida está en la sangre.  La tercera restricción seguramente está relacionada con la segunda, y la última es un elemento moral fundamental.

Pero en este momento clave, cuando la iglesia judía tenía la oportunidad de moldear a la nueva iglesia o de instruir a la nueva iglesia, no intentó pasarle ni guardar el sábado ni ningún otro elemento del judaísmo.  Precisamente la controversia que llevó a ese concilio en Hechos 15 fue el intento de algunos líderes judíos de imponerles la circuncisión (signo de estar sujeto a la Ley de Moisés) a los creyentes gentiles.

Si el diezmo hubiera sido considerado como algo importante que de debía pasar del judaísmo al cristianismo, aquí hubiera sido el lugar apropiado para hacerlo.  Si el diezmo hubiera sido importante, sin duda el Apóstol Pablo se lo hubiera mencionado por lo menos alguna vez en sus cartas a las nuevas iglesias.  Pero no lo menciona nunca.

La Norma Neotestamentaria para Ofrendar
Lejos de enseñar el diezmo en las nuevas iglesias gentiles, el Apóstol Pablo establece varios criterios como normas en el campo de la ofrenda.  Recomiendo una lectura de 1 Corintios 16:1-4 y 2 Corintios capítulos 8 y 9 para ver la enseñanza más concentrada del Nuevo Testamento sobre el tema.

Algunos de los criterios que Pablo establece son:

  1. Su ofrenda debe ser porcentual. Pablo dice “cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado” (1 Corintios 16:2 RV).  Las palabras “según haya prosperado” implican que si gana más, ofrenda más; si gana menos, ofrenda menos.  Es decir, uno debe ofrendar cierto por ciento de sus ingresos.  Pero Pablo nunca menciona un porcentaje específico.
  2. Su ofrenda debe ser algo que cada creyente decide dar voluntariamente, no por obligación. (2 Corintios 9:7)
  3. Su ofrenda debe ser consistente.  Pablo dice “cada primer día de la semana”, seguramente porque ellos recibían su sueldo semanalmente.  Los que reciben su sueldo cada 15 días o mensualmente lo harían cada 15 días o cada mes.
  4. Su ofrenda debe ser generosa y con liberalidad.  En Romanos 12:8 Pablo dice “el que reparte, con liberalidad” (está hablando de ofrendar), 2 Corintios 9:11, 13 dice “para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad” y “y por la liberalidad de vuestra contribución para ellos y para todos”.

Me parece que las personas que quieren sugerir una norma de cierto por ciento (normalmente un 10%) se topan con un problema: el por ciento que Pablo sugiere es mucho más alto:  “No hablo como quien manda, sino para poner a prueba, por medio de la diligencia de otros, también la sinceridad del amor vuestro.  Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.” (2 Corintios 8:8-9) Es decir, si queremos ponernos una meta, ¿qué tal adoptar la meta de Jesucristo, quien no se limitó a dar un 10% de sí mismo, sino que dio el 100% para que nosotros pudiéramos alcanzar la salvación.

Algunos señalarán, con razón, que estos pasajes de las cartas de Pablo a los creyentes en Corinto en realidad no hablan directamente de ofrendas para Dios, sino de ofrendas recolectadas para suplir las necesidades de creyentes en otros lados que estaban sufriendo en medio de una hambruna.  Pero en vista de la ausencia total en el Nuevo Testamento de una enseñanza directa sobre cómo ofrendar a Dios, estos pasajes nos pueden dar buenas ideas sobre nuestra forma de ofrendarlr a Dios.

También, hay que recordar que gracias a Dios la iglesia en aquellos días todavía no se había convertido en una institución sino que todavía era un compañerismo vivo de creyentes cuya vida giraba alrededor de adoración, evangelismo/misiones, discipulado, servicio y compañerismo.  No tenían edificios que mantener, ni pastores pagados en el sentido que después apareció un clero “profesional”.  Por eso no se refleja en el Nuevo Testamento una estructura que demandaba un sistema de financiamiento como el que demandaba el tabernáculo/templo con su cuerpo sacerdotal.

Pablo, aunque de vez en cuando aceptaba ofrendas de un grupo de creyentes para su propio sostenimiento (Filipenses 4:10-20), mayormente se sostenía de su propio trabajo.  Y cuando enseña sobre el derecho que tiene un ministro de recibir un sueldo por su trabajo, apela a la enseñanza de Moisés en el sentido de que no hay que ponerle un bozal al buey que trilla (1 Corintios 9:9) en vez de apelar al sacerdocio levítico del Antiguo Testamento.  Es evidente que Pablo no consideraba que fuera necesario enseñar el diezmo ni para que los pastores tuvieran sueldo.

Por qué la iglesia “se hace un daño incalculable”
Nuestra experiencia ha sido que cuando un pastor abandona la enseñanza del deber de dar un diezmo y empieza a enseñarle a su congregación los principios contenidos en 2 Corintios 8 y 9, los creyentes experimentan un cambio significativo.  Les devuelve la libertad que trae el evangelio de un orden legalista, permitiéndoles descubrir el gozo de expresar su gratitud hacia Dios por medio de ser liberales y generosos en su ofrendar.  Cuando la meta ya no es llegar al ideal de un 10%, y se les recuerda que el modelo que puso Jesús fue de un 100%, muchos creyentes empiezan a aumentar el porcentaje de sus ingresos que ofrendan a Dios.  Cuando en la iglesia se empieza de hablar de “generosidad” y de “liberalidad” en vez de un 10%, las ofrendas de muchos hermanos empiezan a crecer.  ¿Habrá algunos que nunca llegan siquiera a un 10%?  Sí.  Pero bajo el legalismo del 10% muchos tampoco llegan a esa meta.  Para mí es asunto de actitud y ambiente.  Un ambiente legalista es mucho menos propicio para el crecimiento espiritual de una congregación.

La Libertad en Cristo vs. La Ley
En lo personal me es difícil pensar que una persona que ha experimentado el nuevo nacimiento en Cristo (y la libertad que trae el evangelio) pudiera dar menos de lo que una persona bajo la Ley daría.  Si la Ley exigía un 10%, ¿cómo puedo yo, con todo lo que Cristo ha hecho por me, y la libertad que me ha dado, cómo puedo yo dar menos que un 10%?  Para mí, el cristiano debe empezar con lo que su corazón le indique, pero con un compromiso personal ante Dios de ir aumentando ese porcentaje como un acto de fe, basándose sobre las promesas contenidas en 2 Corintios capítulo 9:

  • El que siembra escasamente, escasamente cosechará, y el que siembra en abundancia, en abundancia cosechará. (v. 6 NVI)
  • Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra; (v. 8 RV)
  • El que le suple semilla al que siembra también le suplirá pan para que coma, aumentará los cultivos y hará que ustedes produzcan una abundante cosecha de justicia.  Ustedes serán enriquecidos en todo sentido para que en toda ocasión puedan ser generosos, y para que por medio de nosotros la generosidad de ustedes resulte en acciones de gracias a Dios. (vv. 10-11 NVI)

Cuando nuestra familia llegó a las conclusiones reflejadas en esta bitácora, ya llevábamos años de estar diezmando, así que tomamos la decisión de empezar donde estábamos e ir subiendo el porcentaje poco a poco.  En una ocasión decidimos bajar el porcentaje un poquito, sin que nos remordiera la conciencia porque Cristo nos dio esa libertad.  Pero el próximo año regresamos al patrón de ir elevando el porcentaje, y continuamos esa costumbre.  En todo este tiempo Dios ha sido fiel a sus promesas, y aún con todos los cambios al jubilarnos y no tener los mismos ingresos que antes, Dios no sólo nos ha provisto lo que necesitamos para vivir, sino que ha elevado nuestra generosidad más allá de nuestras ofrendas a Dios.  ¡Se lo recomendamos con todo nuestro corazón!

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