El 10%

May 21, 2012   //   por Lloyd   //   Blog, Discipulado  //  1 Comment

Por Lloyd Mann

Debe parecerles raro que una persona como yo hable en contra de algo como el diezmo.  Después de todo, durante 39 años recibimos nuestro sostenimiento económico mayormente de los diezmos de miembros de las iglesias bautistas.  Pero tengo que confesarles que creo que cuando la iglesia enseña que los cristianos deben darle un 10% de sus ingresos a la iglesia, se hace un daño incalculable.

Antes de prender las hogueras para quemar a este “hereje”, permítanme explicarme.  El daño incalculable es que (por lo menos inconscientemente) limita lo que el pueblo de Dios hace.  El efecto práctico de enseñar el diezmo es establecer una meta del 10% de los ingresos de los cristianos para su ofrendar, cuando Dios en el Nuevo Testamento pone el límite superior de nuestras ofrendas en un 100%.  (Eso lo explicaré más adelante.)  Está bien, lo voy a decir:  Creo que el Nuevo Testamento no enseña el diezmo.  Lo menciona en el contexto de la religión judía, pero no lo enseña.

Breve Resumen del Diezmo en el Antiguo Testamento
A mí siempre me ha parecido inconsistente que se enseñe la práctica del diezmo que encontramos en el Antiguo Testamento.  Aunque se menciona la práctica de dar un diezmo a ciertas personas o a Dios antes de las leyes de Moisés, la enseñanza del diezmo empieza en el libro de Levítico.  En realidad, el Antiguo Testamento impone como obligación sobre el pueblo de Dios tres diezmos:

  1. El diezmo para sostener al sistema sacerdotal de los levitas (que no recibieron un territorio propio).  Los levitas a su vez daban un diezmo de esos diezmos para sostener el culto en el tabernáculo y luego en el templo.  Es decir, 1% del diezmo de un judío llegaba al tabernáculo/templo para sostener esa institución. (Números 18:21-28).  Aunque Levítico 27:30 indica que el diezmo pertenece a Dios, su destino inmediato fue como herencia a los levitas.
  2. El diezmo de celebración.  Muchas personas no se han dado cuenta que Deuteronomio 12:17-18 ordena un segundo diezmo que el diezmador debe comer como una celebración ante Dios.  Preferiblemente esa celebración debe llevarse a cabo en el lugar del tabernáculo/templo, aunque en el 12:21 parece permitir que podían comer sus diezmos de celebración en su propio pueblo si el lugar del tabernáculo/templo les quedaba muy lejos.  Deuteronomio 14:22-27 da la opción de vender su diezmo, llevar el dinero al tabernáculo/templo y allí comprar lo que más le gustara para esa celebración: “Con ese dinero podrás comprar lo que prefieras o más te guste: ganado, ovejas, vino u otra bebida fermentada, y allí, en presencia del Señor tu Dios, tú y tu familia comerán y se regocijarán.”  Nunca he escuchado un sermón animando a que los cristianos den este tipo de diezmo.
  3. El diezmo para los pobres.  Inmediatamente después de establecer el diezmo de celebración, en Deuteronomio 14:28-29 Moisés establece un tercer diezmo que se recolectaba una vez cada tres años.  Ese diezmo se almacenaba en todas las ciudades para proveer por las necesidades de los pobres, los huérfanos, las viudas, los extranjeros (grupos minoritarios) y también para los levitas.

¿Cuál era el propósito del diezmo?  Es evidente que así como Dios no demandaba sacrificios de animales porque tenía hambre, tampoco Dios demandaba el diezmo porque necesitaba el dinero o el producto de sus campos.  En por lo menos un lugar Moisés explica la razón detrás del diezmo:  “Así aprenderás a temer siempre al Señor tu Dios.” (Deuteronomio 14:23b) (NOTA: la palabra “temer” en ese contexto significa “respetar, adorar, darle valor a”.)  La mayoría de los estudiosos agregarían otro propósito: el diezmo se pedía para ayudar al hombre a reconocer que Dios es proveedor y dueño de todo lo que tenemos y del producto de nuestro trabajo.  Dado su contenido social (proveer por los levitas y por los sectores más necesitados de la población) quizá podríamos agregar otro propósito: enseñarle al pueblo de Dios a tener misericordia de los menos privilegiados en su sociedad.

Pero si el diezmo del Antiguo Testamento es algo que el cristiano debe observar, entonces debemos empezar a insistir en que cada cristiano le dé el 23.3% de sus ingresos al Señor.  Hasta el momento no he escuchado a nadie proponer tal mínimo para los cristianos.

El Diezmo en el Nuevo Testamento
Quiero copiar una técnica que el pastor J.D. Greear ha usado para resaltar alguna verdad: a continuación viene una lista de todos los pasajes en el Nuevo Testamento que enseñan que el cristiano debe diezmar:

  1. __
  2. __
  3. __

Simplemente no hay tales pasajes.  El Nuevo Testamento, al describir situaciones en la vida de judíos que vivían bajo la Ley, menciona el diezmo porque era parte de la vida de un judío practicante.  Jesús en Mateo 23:23 les dice a los escribas y fariseos que deben haber diezmado sus condimentos sin haber descuidado los elementos más importantes de la ley (misericordia, fe, y amor a Dios).  Jesús en Lucas 18:12 relata la parábola del fariseo y el cobrador de impuestos.  En su oración el fariseo menciona que diezma.   Hebreos capítulo 7 tiene varias referencias al diezmo que Abraham le dio al Rey de Salem.  Pero no existe ningún pasaje que enseñe el diezmo de parte de los cristianos.

La Transición del Judaísmo al Cristianismo Gentil
En un principio los seguidores de Jesús no entendían que el “vino nuevo” de Jesús no iba a caber en odres viejos (el judaísmo); pues ellos pensaban que todos los seguidores de Jesús serían judíos.  Pero con el paso del tiempo poco a poco se iban dando cuenta que la visión de Jesús era llevar el evangelio hasta el último rincón de la tierra.  Cuando surgió la iglesia entre pueblos gentiles, era evidente que sería necesario hacer algunos cambios, porque no era necesario que los nuevos creyentes gentiles se sujetaran a la Ley de Moisés.

Este problema se trató en el capítulo 15 de Hechos.  Los líderes de la iglesia judía de Jerusalén y de la iglesia gentil de Antioquía se reunieron para luchar con los problemas que el evangelio entre gentiles le presentaba a un cristianismo hasta entonces totalmente judío.  El nuevo Apóstol Pablo predominó y la conclusión fue que no era necesario convertirse al judaísmo para ser seguidor de Cristo.  Se adoptó la herencia del judaísmo con sus Escrituras sin imponer la Ley de Moisés sobre la nueva iglesia.  A mí siempre me ha parecido interesante la carta que los líderes de la iglesia en Jerusalén escribieron a la nueva iglesia gentil.  Fue como si sintieran que era necesario decirles algo, que tuvieran que ponerles algo de restricciones, así que les escribieron:

“Nos pareció bien al Espíritu Santo y a nosotros no imponerles a ustedes ninguna carga aparte de los siguientes requisitos: abstenerse de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de la carne de animales estrangulados y de la inmoralidad sexual. Bien harán ustedes si evitan estas cosas.”  (Hechos 15:18-29)

El Apóstol Pablo más tarde modifica en parte la primera restricción, diciendo que si no sabían si la carne había sido ofrecida a ídolos, mejor no preguntar, a menos que alguien ofreciera esa información.  La prohibición contra comer sangre viene de la enseñanza bíblica de que la vida está en la sangre.  La tercera restricción seguramente está relacionada con la segunda, y la última es un elemento moral fundamental.

Pero en este momento clave, cuando la iglesia judía tenía la oportunidad de moldear a la nueva iglesia o de instruir a la nueva iglesia, no intentó pasarle ni guardar el sábado ni ningún otro elemento del judaísmo.  Precisamente la controversia que llevó a ese concilio en Hechos 15 fue el intento de algunos líderes judíos de imponerles la circuncisión (signo de estar sujeto a la Ley de Moisés) a los creyentes gentiles.

Si el diezmo hubiera sido considerado como algo importante que de debía pasar del judaísmo al cristianismo, aquí hubiera sido el lugar apropiado para hacerlo.  Si el diezmo hubiera sido importante, sin duda el Apóstol Pablo se lo hubiera mencionado por lo menos alguna vez en sus cartas a las nuevas iglesias.  Pero no lo menciona nunca.

La Norma Neotestamentaria para Ofrendar
Lejos de enseñar el diezmo en las nuevas iglesias gentiles, el Apóstol Pablo establece varios criterios como normas en el campo de la ofrenda.  Recomiendo una lectura de 1 Corintios 16:1-4 y 2 Corintios capítulos 8 y 9 para ver la enseñanza más concentrada del Nuevo Testamento sobre el tema.

Algunos de los criterios que Pablo establece son:

  1. Su ofrenda debe ser porcentual. Pablo dice “cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado” (1 Corintios 16:2 RV).  Las palabras “según haya prosperado” implican que si gana más, ofrenda más; si gana menos, ofrenda menos.  Es decir, uno debe ofrendar cierto por ciento de sus ingresos.  Pero Pablo nunca menciona un porcentaje específico.
  2. Su ofrenda debe ser algo que cada creyente decide dar voluntariamente, no por obligación. (2 Corintios 9:7)
  3. Su ofrenda debe ser consistente.  Pablo dice “cada primer día de la semana”, seguramente porque ellos recibían su sueldo semanalmente.  Los que reciben su sueldo cada 15 días o mensualmente lo harían cada 15 días o cada mes.
  4. Su ofrenda debe ser generosa y con liberalidad.  En Romanos 12:8 Pablo dice “el que reparte, con liberalidad” (está hablando de ofrendar), 2 Corintios 9:11, 13 dice “para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad” y “y por la liberalidad de vuestra contribución para ellos y para todos”.

Me parece que las personas que quieren sugerir una norma de cierto por ciento (normalmente un 10%) se topan con un problema: el por ciento que Pablo sugiere es mucho más alto:  “No hablo como quien manda, sino para poner a prueba, por medio de la diligencia de otros, también la sinceridad del amor vuestro.  Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.” (2 Corintios 8:8-9) Es decir, si queremos ponernos una meta, ¿qué tal adoptar la meta de Jesucristo, quien no se limitó a dar un 10% de sí mismo, sino que dio el 100% para que nosotros pudiéramos alcanzar la salvación.

Algunos señalarán, con razón, que estos pasajes de las cartas de Pablo a los creyentes en Corinto en realidad no hablan directamente de ofrendas para Dios, sino de ofrendas recolectadas para suplir las necesidades de creyentes en otros lados que estaban sufriendo en medio de una hambruna.  Pero en vista de la ausencia total en el Nuevo Testamento de una enseñanza directa sobre cómo ofrendar a Dios, estos pasajes nos pueden dar buenas ideas sobre nuestra forma de ofrendarlr a Dios.

También, hay que recordar que gracias a Dios la iglesia en aquellos días todavía no se había convertido en una institución sino que todavía era un compañerismo vivo de creyentes cuya vida giraba alrededor de adoración, evangelismo/misiones, discipulado, servicio y compañerismo.  No tenían edificios que mantener, ni pastores pagados en el sentido que después apareció un clero “profesional”.  Por eso no se refleja en el Nuevo Testamento una estructura que demandaba un sistema de financiamiento como el que demandaba el tabernáculo/templo con su cuerpo sacerdotal.

Pablo, aunque de vez en cuando aceptaba ofrendas de un grupo de creyentes para su propio sostenimiento (Filipenses 4:10-20), mayormente se sostenía de su propio trabajo.  Y cuando enseña sobre el derecho que tiene un ministro de recibir un sueldo por su trabajo, apela a la enseñanza de Moisés en el sentido de que no hay que ponerle un bozal al buey que trilla (1 Corintios 9:9) en vez de apelar al sacerdocio levítico del Antiguo Testamento.  Es evidente que Pablo no consideraba que fuera necesario enseñar el diezmo ni para que los pastores tuvieran sueldo.

Por qué la iglesia “se hace un daño incalculable”
Nuestra experiencia ha sido que cuando un pastor abandona la enseñanza del deber de dar un diezmo y empieza a enseñarle a su congregación los principios contenidos en 2 Corintios 8 y 9, los creyentes experimentan un cambio significativo.  Les devuelve la libertad que trae el evangelio de un orden legalista, permitiéndoles descubrir el gozo de expresar su gratitud hacia Dios por medio de ser liberales y generosos en su ofrendar.  Cuando la meta ya no es llegar al ideal de un 10%, y se les recuerda que el modelo que puso Jesús fue de un 100%, muchos creyentes empiezan a aumentar el porcentaje de sus ingresos que ofrendan a Dios.  Cuando en la iglesia se empieza de hablar de “generosidad” y de “liberalidad” en vez de un 10%, las ofrendas de muchos hermanos empiezan a crecer.  ¿Habrá algunos que nunca llegan siquiera a un 10%?  Sí.  Pero bajo el legalismo del 10% muchos tampoco llegan a esa meta.  Para mí es asunto de actitud y ambiente.  Un ambiente legalista es mucho menos propicio para el crecimiento espiritual de una congregación.

La Libertad en Cristo vs. La Ley
En lo personal me es difícil pensar que una persona que ha experimentado el nuevo nacimiento en Cristo (y la libertad que trae el evangelio) pudiera dar menos de lo que una persona bajo la Ley daría.  Si la Ley exigía un 10%, ¿cómo puedo yo, con todo lo que Cristo ha hecho por me, y la libertad que me ha dado, cómo puedo yo dar menos que un 10%?  Para mí, el cristiano debe empezar con lo que su corazón le indique, pero con un compromiso personal ante Dios de ir aumentando ese porcentaje como un acto de fe, basándose sobre las promesas contenidas en 2 Corintios capítulo 9:

  • El que siembra escasamente, escasamente cosechará, y el que siembra en abundancia, en abundancia cosechará. (v. 6 NVI)
  • Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra; (v. 8 RV)
  • El que le suple semilla al que siembra también le suplirá pan para que coma, aumentará los cultivos y hará que ustedes produzcan una abundante cosecha de justicia.  Ustedes serán enriquecidos en todo sentido para que en toda ocasión puedan ser generosos, y para que por medio de nosotros la generosidad de ustedes resulte en acciones de gracias a Dios. (vv. 10-11 NVI)

Cuando nuestra familia llegó a las conclusiones reflejadas en esta bitácora, ya llevábamos años de estar diezmando, así que tomamos la decisión de empezar donde estábamos e ir subiendo el porcentaje poco a poco.  En una ocasión decidimos bajar el porcentaje un poquito, sin que nos remordiera la conciencia porque Cristo nos dio esa libertad.  Pero el próximo año regresamos al patrón de ir elevando el porcentaje, y continuamos esa costumbre.  En todo este tiempo Dios ha sido fiel a sus promesas, y aún con todos los cambios al jubilarnos y no tener los mismos ingresos que antes, Dios no sólo nos ha provisto lo que necesitamos para vivir, sino que ha elevado nuestra generosidad más allá de nuestras ofrendas a Dios.  ¡Se lo recomendamos con todo nuestro corazón!

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  • En respuesta a una pregunta sobre el ofrendar que surgió en la actividad ¡Conozcámonos! del 20 de mayo, el pastor Raudel me pidió que publicara en el Blog de Summit en Español un artículo que yo escribí en el 2009 en mi Botácora personal.

    Lloyd Mann

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